Sí, dormir en el pueblo es uno de los mayores placeres. Sabemos que no todos son iguales, ni tienen el mismo clima ni producen la misma relajación, pero ¿a qué se debe esta sensación tan agradable?
Muchos de nosotros estamos esperando ese momento. Ya lo decía el tópico de beatus ille; dejar el follón de la vida urbana para perderte lejos del ajetreo del mundanal ruido. En esos momentos en los que estás envuelto en el estrés de la urbe deseas que lleguen los días de vacaciones, fuera de las jornadas maratonianas.
Mas en estos momentos de crisis sanitaria, volver a las raíces, al pueblo de los abuelos, que tantos momentos de libertad y a la vez felicidad te han aportado, se convierte en el espacio idóneo donde pasar unos días de relajación.
Pero, ¿qué pasa con el sueño? Muchos de los que tengáis una vivienda en la montaña o en una zona de la sierra sabréis de los privilegios que es descansar fresco en el infernal verano que se vive en la mayoría de ciudades españolas. Y es que, ¿por qué se duerme mejor en el pueblo?
Razones por las que se duerme mejor en el pueblo
Contacto con la naturaleza
«Silencio, brisa y cordura, dan aliento a mi locura», cantaba Antonio Vega en la canción ‘El sitio de mi recreo’. La soledad, en la que solo escuchas el cantar de los pájaros y observas las montañas desde la tranquilidad de la ventana, no se puede pagar con dinero, mas si hablamos de dormir a gusto.
Vuelta a los orígenes
El estar con los tuyos, rozando las sábanas suaves de la abuela, rodeado de la tranquilidad anteriormente mencionada, hace que te despidas de las noches de insomnio y vuelvas a formar tándem con el sueño.
La brisa veraniega
Ese frescor, que invade la ventana y que desde hace más de dos meses no podías disfrutar -o de forma parcial, gracias al aire acondicionado- se manifiesta en esa casa veraniega, de paredes de piedra, donde el frescor invade cada esquina y te vuelve a transportar a una noche de pleno marzo.

Adiós al despertador
Puede pasar en muchos sitios —en un hotel de playa o en un refugio pirenaico—, pero es en el pueblo cuando sientes un verdadero placer en el momento en que las manillas del reloj marcan las ocho de la mañana y el traje puede seguir guardado en el armario hasta el día siguiente.
Las doce del mediodía son horas de ducha y vermú, no de contar la media hora de descanso hasta volver a la pantalla del ordenador.
Y a ti, ¿te entran ganas de dejar la ciudad y alquilar una vivienda en un pueblo? ¿Echas de menos el olor a marsella de las sábanas o piensas que ese colchón viejo ya lo tienes que cambiar?
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